Mostrando entradas con la etiqueta Valores. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Valores. Mostrar todas las entradas

miércoles, 26 de mayo de 2010

PERIPECIAS

LA VIDA AZAROSA DE UNA BOLSA DE PLÁSTICO SOBRE EL BOULEVARD REVOLUCIÓN

En cierta ocasión, me encontraba parado en la esquina de una de las calles de Torreón, exactamente en la intersección del Boulevard Revolución con la calle Cepeda-en pleno centro de esa hermosa y progresista ciudad, que se encuentra aproximadamente a 60 Km de la ciudad donde radico, que es San Pedro de las Colonias, en el estado de Coahuila- esperando a mi hija, cuando reparé en una bolsa de plástico tirada a media carretera y me puse a observarla… ¡Pobrecita!, estaba a merced de los carros que pasaban, el aire que dejaban a su paso la movía: a veces la arrastraban, a veces la subían y luego la bajaban, no tenía vida propia; todos los vehículos la sacudían, unos de una forma, otros de otra y no podía hacer nada para cambiar su estilo de vida. Así pasé mi tiempo, mirándola… y así pasó su tiempo, con un vaivén ajeno a su voluntad.

Al llegar mi esposa-que andaba viendo los aparadores de las tiendas- le dije: “Mira esa bolsa de plástico: llega un carro y la mueve, llega otro y la levanta, la eleva y, cuando parece que ya va a estar tranquila, llega un autobús y la vuelve a cambiar de lugar, qué triste”.

“¿Por qué?-me dice ella-la bolsa ni siente, ¡Tú estás loco!, ¡A quién se le ocurre estar perdiendo el tiempo así!, ¡preocuparse por una bolsa!

“No, fíjate,-le contesté-es que la bolsa de plástico actúa bajo la “voluntad” de los demás, como muchos de nosotros, porque la mayoría de las veces, nuestras acciones dependen de lo que los demás nos dictan, opinan o como le quieras llamar, de lo que ellos desean, al igual que la bolsa, tampoco tenemos libertad, la libertad es relativa (como debe ser)y, aunque la bolsa no va a perjudicar a ninguno de los muebles, a menos de que se pegara a un radiador y ocasionara que el motor se calentara- lo cual equivaldría a una especie de venganza por lo que le hacen-, no tiene libertad para hacer lo que desee, es más, ni siquiera tiene voluntad, dignidad o valor para defenderse y cambiar esa vida tan azarosa que lleva”.

“Desgraciadamente-continué-muchos de los seres humanos tampoco somos capaces de dirigirnos, no somos capaces de mejorar y nos conformamos con lo que somos y lo que tenemos culpando al destino, pues así nos tocó vivir”.

Me contestó: “Pues sí, pero de todos modos estás loco, estás comparando lo que le pasa a la bolsa con la vida de nosotros, sólo tú lo podrías hacer. ¡Ándale, ya vámonos, ahí viene la niña!”.

Nos fuimos, continuamos nuestra vida, no tan riesgosa como la de la bolsa de plástico, ¡Gracias a Dios!...Bueno, al menos hasta hoy, pues debemos entender y disfrutar de todos y cada uno de los momentos difíciles que existen en la vida, y todos y cada uno de los momentos felices que nos depara. Así como la bolsa en sus breves instantes de tranquilidad.

El equilibrio existe… ¡Gracias a Dios!

Y también, gracias a Dios, nosotros tenemos los dones de la voluntad, el pensamiento, el raciocinio y depende de nosotros el conservar el estilo de vida o modificarlo. Tenemos libertad para decidir qué hacer, a nuestro destino le podemos dar una ayudadita, la bolsa de plástico… no. ¡Pobrecita!

San Pedro de las Colonias, Coah., a 28 de febrero de 2009.

Profr. Armando Nicolás Moreno Herrera

Taller de escritores. IECAM

jueves, 20 de mayo de 2010

TODOS VAMOS DE PASO

TODOS VAMOS DE PASO.

En un anuncio que pasaban por la tv salía un adulto mayor que

- me imagino, a pregunta expresa-decía:

“La vida es aprender a dejar ir”.

Momento… la vida es un momento. Esta idea la captamos cuando el tiempo pasó por nosotros o –como dicen algunos- no pasó, sino que se fue quedando en nuestro cuerpo, en nuestra persona, así, como se lee, EN NUESTRA PERSONA, porque afecta no solamente a la piel y los órganos en general, también lo hace con la capacidad de raciocinio, con el espíritu, con los sentimientos, cambiando nuestra perspectiva con el paso de los años.

Recordemos cuando íbamos creciendo… queríamos estar grandes para hacer lo que los conocidos (adolescentes unos y jóvenes otros) realizaban, la sola idea de llegar a los cuarenta años nos hacía pensar en mejor no llegar, “ya están viejillos” pensábamos.

Pues resulta que, de pronto, terminas una a una de tus etapas de estudio y en cada una de ellas, la mayor parte de los amigos se van y tus maestros, con quienes conviviste durante todo un ciclo escolar se van también, en fin, trabajas, te casas y tienes que dejar a tus padres, tienes hijos, crecen, se casan y se tiene que ir a formar un nuevo núcleo familiar, el propio, tienen hijos y así, cíclicamente, se repite la vida: dejas ir, obtienes otros…dejas ir, obtienes otros…

Ingresas a trabajar a una empresa y eres el novato, el que está dispuesto a todo con la finalidad de progresar lo más rápidamente posible y, de pronto, te percatas de que muchos de tus compañeros (que ya tenían tiempo trabajando) se van, luego otros y te vas convirtiendo en ellos, en el mayor de todos los que laboran ahí. Lo más difícil de este proceso es que, cuando se van retirando, escuchas comentarios acerca de que la empresa no solamente no será la misma sin ellos, sino que además “va a fracasar” porque los nuevos no tienen la misma entrega que los que se van, sin embargo, la vida también te enseña que en las instituciones todos somos reemplazables, a veces mejoran, a veces no, pero las instituciones continúan con su desempeño.

Lo mismo pasa-lógicamente-con las metas, las ilusiones, los objetos, los amigos… ¿los amigos? NO, los amigos se van y nadie los sustituye al igual que a los padres, esposos, hermanos y todos aquellos que de una forma u otra han influido en tu persona, te han moldeado con sus ejemplos, sus consejos, sus regaños. No puedes cambiar las leyes que rigen el ciclo de la vida, lo único que te queda por hacer es recordar con nostalgia, cariño, tristeza o alegría, los momentos que viviste con esa persona, momentos que tomas de ese gran universo que conforman los segundos, minutos, horas, días, meses y años en que conviviste con ella y, aunque no lo creas, éste es un gran paliativo.

Igual pasa en esta gran institución que es la vida. Las personas se van y el mundo sigue girando. Lo que siembra cada uno es lo que cosecha. Habrá quienes las recuerden con cariño y otras que no, porque el juicio de quienes se quedan es implacable, no se dan cuenta de “que a cada santo se le llega su función”, pero… al tiempo.

Si practicáramos la empatía, es decir, si “nos pusiéramos en los zapatos de los demás” aprenderíamos a tolerar los defectos y a valorar las virtudes de las personas, desgraciadamente, a veces lo hacemos cuando ya no están con nosotros y es entonces que quisiéramos demostrar todo lo que no hicimos cuando tenían vida, pero, así es y, con nuestro cariño y sin él, nos dejan, se alejan para siempre dejando un hueco que nadie podrá llenar.

Atesoremos esos momentos del momento pequeñísimo que es la vida, recordemos a nuestra gente con amor, olvidemos sus defectos porque no somos perfectos, aprendamos a dejar ir, al fin que al rato los alcanzaremos en ese momento… ¿eterno? Que es la muerte.

Con muchos momentos pequeños en mi corazón

que sirva éste como un pequeño homenaje a mis maestros,

en especial al Profr. Marco.

San Pedro de las Colonias, Coah., a 20 de mayo de 2010.

PROFR. ARMANDO NICOLÁS MORENO HERRERA

martes, 18 de mayo de 2010

LA CONDICIÓN HUMANA

LA CONDICIÓN HUMANA

Profr. Armando Nicolás Moreno Herrera

¿Que es de humanos errar? Es una gran verdad

¿Que somos imperfectos? Nadie tiene duda

¿Que existe gente mal intencionada? Es lo que nos acaba

¿Que cambiamos muchas de las veces la realidad a nuestra conveniencia?

El ser humano es una máquina perfecta, sus componentes están diseñados de una manera maravillosa para no cometer falla alguna. Es el hombre quien causa imperfecciones debido a la imperfección de su pensamiento.

La mente es un instrumento capaz de dotarnos de férrea voluntad, de hacernos omitir el dolor físico, de sentir amor y de tantas cosas maravillosas que no pudieran ser explicadas por la ciencia y que nos diferencian como individuos; por otro lado, la mente nos da la capacidad de elegir entre lo bueno y lo malo, de permitir guiarnos-para bien o para mal-por los mensajes que el medio en que nos desenvolvemos nos da a través de la televisión, el radio, los periódicos, las películas o, de actitudes que observamos en personas que se aniquilan lentamente debido a los vicios que adquieren por ignorancia o curiosidad, no percatándose del daño que les ocasionan hasta que es demasiado tarde

Es increíble darnos cuenta de la facilidad con que se corrompe una buena persona y de lo difícil que resulta tratar de convencer a alguien para integrarse a un grupo con fines positivos o para realizar una buena acción ocasionalmente, así como de la fuerza que tienen las palabras dichas con intención de molestar a alguien o de causar pelea entre personas que-hasta ese momento-eran amigas. El chisme ocasiona más problemas que un malentendido y, sabiéndolo, nos dejamos llevar por ellas.

También es sorprendente que difícilmente se apoye cuando se tiene algún tipo de problema, sea de salud, económico o familiar y que, en cambio, no falta quien te ofrezca un cigarrillo, una cerveza o cualquier tipo de droga, ¡Hasta te lo regalan!, pero, para un medicamento, algo de comida, simplemente no hay.

Somos muy dados a criticar y, en cambio, no hacemos nada por ayudar a mejorar nuestro entorno y mucho menos al prójimo. Si se decide alguien a hacer bien su trabajo, no falta quien trate de convencerlo de que no lo haga, de no dar tiempo de más, de que no invierta dinero en él, de que no ponga ese ejemplo porque luego los van a obligar a todos a hacer lo mismo. Si un trabajador tiene necesidad de faltar, la ausencia de compañerismo provoca un enojo generalizado en contra de él en lugar de apoyarse mutuamente para sacar la faena entre todos y así cumplir con la meta del día, pero, así somos los humanos.

Hay quienes se quejan luego de que nadie los toma en cuenta, que no los dejan cumplir lo que les corresponde, pero, cuando les señalaron que tenían que realizar una labor determinada, o la hicieron mal o, simplemente, no la hicieron y esto, invariablemente, entonces ¿De qué se trata?¿Por qué se quejan?

Las reuniones de gente negativa solo pueden traer como consecuencia más negativismo y, por el contrario, buenas vibras atraen más y, esto nos conduce a la calidad.

La condición humana es muy variable, es inconstante, por lo que tenemos que cuidar de ella, vivir para bien estar, no para perjudicar, porque quien trata de perjudicar a los demás, al final se perjudica a sí mismo, pues en esta vida todo te rebota, lo bueno y lo malo, así es que vive bien, piensa bien, actúa bien.

¡Sé feliz!

“Quien no vive para servir, no sirve para vivir”

viernes, 14 de mayo de 2010

LAS SIETE VIDAS DE UN GATO

LAS SIETE VIDAS DE UN GATO

Cuántas veces hemos pasado mi esposa y yo por esa carretera que va a Torreón. Ella conoció a nuestros hijos cuando eran pequeñitos… no, miento, casi los vio nacer, puesto que somos de San Pedro y la clínica hospital donde atendieron a mi mujer en los nacimientos de los tres niños (bueno, dos varones y una mujercita), se encuentra en esa ciudad. Pudiera decir que desde que nací he recorrido esos 60 Km de asfalto, mínimo una vez por semana, aunque ya de casado, a veces hasta tres.

El caso es que, una de las ocasiones en que regresábamos de allá, ya oscura la noche, veníamos pasando por un pueblo llamado Compuertas, cuando nos rebasó un autobús, un Ejecutivo de los del Sr. Mario González, quien se ha distinguido por dar un excelente servicio de transporte a los Sampetrinos que desean trasladarse a Torreón, ya que dichas unidades son modernas y equipadas con aire acondicionado, televisión y unos WC de lujo. ¡GOOOOL!

Pues bien, decía que cuando retornábamos a San Pedro, y al ir rebasándonos el Ejecutivo, vi de pronto pasar frente a nosotros y como una exhalación, una figura rara que de momento no supe distinguir. Era un gato grande, no sé de que color, que se fue a meter entre las ruedas laterales del transporte. Pensé que lo iba a atropellar pero, para sorpresa de mi esposa y la mía, el gato se regresó pasando nuevamente frente a nuestros incrédulos ojos. ¡Todo en un santiamén! ¡Fue en un instante solo que esto sucedió! De la orilla derecha de la carretera hasta llegar debajo del camión y luego regresarse otra vez a la orilla. ¡Qué suerte! ¡De verdad que en ese rato una vida perdió! Es difícil entender como es que se salvó de morir. Tuvo que emplear mucha velocidad, pues todos conocen que esos autobuses corren a cerca de 90 Km por hora y yo, iba un poco menos rápido, aunque no mucho, así es que imagínense la rapidez con que aconteció lo relatado.

No hay duda de que todos tenemos señalado el momento exacto en que hemos de morir, si te toca, ni lo vas a ver llegar, dicen por ahí que cuando te toca, ni aunque te saques y cuando no, ni aunque te pongas.

Esta es, de este cuento, la conclusión

fue un hecho real, y no ilusión

mi esposa iba conmigo, lo puede atestiguar

aunque yo de testigos no tenga necesidad

Tantas cosas en el camino

nos pueden suceder,

que hasta tú, lector amigo,

lo puedes comprender.

San Pedro de las Colonias, Coah., a 9 de marzo de 2009.

Profr. Armando Nicolás Moreno Herrera

Taller de escritores. IECAM

lunes, 10 de mayo de 2010

Quien no vive para servir no sirve para vivir

“Quien no vive para servir no sirve para vivir”

En la vida se presentan situaciones que nos colocan en la posición que cada uno se merece. La vida misma nos da oportunidades que, en un determinado momento desperdiciamos o aprovechamos y, nos vamos colocando en un lugar que únicamente nosotros nos ganamos, pues nos vamos construyendo nuestro estatus.

El hecho de pertenecer a una sociedad nos lleva irremediablemente a una lucha con nuestros iguales aún sin proponérnoslo, porque la interacción y el contar con autoridades superiores hacen que se establezca esa competencia en la cual se reconoce la valía de unos con respecto a otros de acuerdo a las necesidades de las instituciones o las personas en turno en el poder.

Es inútil tratar de evitar esto e igual de imposible es desconocer la relación estímulo-respuesta que se da en todo proceso educativo y en todas las etapas de la vida. El trabajo colaborativo en el estricto sentido de la palabra, requiere de un líder, de una persona con intereses bien definidos por permanecer en el nivel o mejorar en cuanto a calidad, imprimiéndole su sello personal, pues si no se tiene el mismo interés o la capacidad para lograrlo, irremisiblemente conducirá al fracaso la “nave” que le fue encomendada. Este líder debe sacrificar sus propios intereses en aras de un bien común.

La calidad en el servicio se refiere a la manera en que se atenderá al “cliente” que, en nuestro caso, es toda persona que requiera de información y nuestro servicio para el cual nos preparamos, es decir, la educación de los niños (en caso de primarias y preescolar) y jóvenes, siendo ellos nuestros “clientes” principales y, en segundo lugar pero igual de importantes, los padres de familia, además de todas aquellas personas que acudan a la institución educativa. Todos deben recibir por parte de nosotros un buen servicio, un servicio de calidad.

Se debe entender que, si la atención que damos es deficiente o no es agradable para esas personas, poco a poco iremos perdiendo la confianza que, tal vez batallamos para lograr afianzar y que nos permite captar una buena cantidad de alumnos, es decir, que estemos en sus preferencias con respecto a otras escuelas, las que, sin proponérselo, son nuestros principales competidores y, esto es lo que nos debe preocupar, es por lo que debemos mejorar día a día, pues no podemos soslayar el hecho de que el “barco” en que nos encontramos puede entrar en una tempestad que nos haga zozobrar, que empiece a dar tumbos y, que sin una buena dirigencia y sin una meta común, naufragaríamos teniendo que tomar cualquier trozo de madera que nos hiciera salvar nuestra vida (como está sucediendo con algunas escuelas).

Depende de nosotros los maestros hasta donde podamos llegar, somos el eje principal de esta carrera tan difícil, somos los “especialistas”, los profesionales, los que nos preparamos para ser líderes de muchachos quienes nos necesitan y además somos su apoyo y dirigentes, los que podemos influir en ellos para tratar de convertirlos en personas con capacidad para vivir una vida digna, tranquila y feliz desarrollándole competencias para tal fin. Ellos deben ver en su entorno que existen personas firmes, decididas a hacer que lleguen a buen puerto, que logren la meta, meta que ellos mismos desconocen pero que nosotros los maestros sabemos que tenemos para ellos.

Así de importante es nuestro trabajo, así de importantes somos todos los que de una forma u otra nos dedicamos al ramo de la educación, por eso, debemos intercambiar nuestros intereses personales por intereses más generales y, a veces, hasta utópicos, por los de “ellos”, nuestra materia prima, nuestra razón de ser como maestros, nuestro sustento, nuestra seguridad…nuestros alumnos.

El edificio dentro del cual se desarrolla el proceso educativo es importante, pero más lo es la actitud de quienes nos encontramos en su interior. El respeto, la alegría, responsabilidad, el amor que mostremos, la dedicación que pongamos, se verán reflejados e irradiados hacia los demás, harán que la comunidad nos reconozca más, nos acepte más, nos tome en cuenta para educar a sus hijos, confíe en nosotros y sigamos viviendo como institución.

La calidad humana es-o debe ser- la característica primordial en nuestra labor porque en ella descansan las expectativas de quienes nos prefieren.

Es una buena medida y habla bien de él, que el líder pueda compartir responsabilidades y delegar funciones (esto es trabajo colaborativo), ya que entre todos se facilita la conducción de la empresa, pero, es lógico que para lograrlo se tenga que reconocer la capacidad de aquellos en quienes se confíen dichas funciones. Saber si se tiene el perfil y ubicarlo en donde pueda ser capaz de cumplir con las metas eficientemente, pues querer cargar con todo una sola persona, constituye un peso imposible de soportar.

Es muy necesario también que el personal esté consciente de la importancia de su misión al seno de la institución, pues cada uno de los que la integran tiene que cubrir un aspecto específico sabiendo que si no se cumple cabalmente con él, perjudicará de alguna manera el buen funcionamiento, así pues, resulta tan importante el secretario como el trabajador manual, el prefecto, el maestro o el directivo, cada uno en su propio desempeño. Ninguno es más (ni menos) que el otro.

El principio de autoridad se obtiene cuando los demás nos reconocen esa autoridad, por eso encontramos intendentes a los que maestros y alumnos respetamos y obedecemos; no se logra en base a gritos ni actitudes prepotentes, sino con respeto mutuo, con amabilidad expresa, con empatía, con simpatía visible. Todos los que trabajamos en una institución educativa somos líderes, pues interactuamos con personas. Si logramos que nos reconozcan este principio, tendremos en nuestras manos a quienes nos rodean o dependen de nosotros.

La calidad requiere del cumplimiento de las responsabilidades pues elevar la calidad nos lleva a entregar aún más. No debería ser posible que la forma de actuar de una sola persona influya en el comportamiento de quienes la rodean, esto se da por la falta de creatividad, iniciativa, entrega y responsabilidad de sus seguidores. Mientras haya trabajadores que cumplan con estas características, la escuela se convertirá en un centro de desarrollo de habilidades de los alumnos y, por consiguiente, nos convertiremos, los trabajadores de la educación, en personas reconocidas por la sociedad, pues el apostolado que se dice se ha perdido, lo valorará nuevamente esa misma sociedad.

No es necesaria la presencia de un Sindicato cuando se cumple, ya no existen los directivos autoritarios porque también dejaron de existir los empleados sumisos, porque la educación misma nos ha abierto los ojos con el fin de exigir respeto por cada uno de nosotros, ya que, de no tenerlo por parte de las autoridades, sabemos que podemos unirnos para hacer que se nos respete, a la buena o mediante acciones que de una forma u otra perjudiquen a quienes nos están ofendiendo; sin embargo, hay quienes necesitan de la existencia de este tipo de organizaciones, unos por ser verdaderamente acosados, maltratados u objeto de injusticias y otros porque no cumplen con sus labores adecuadamente y entonces, se ven en la imperiosa necesidad de encontrar protectores y, los encuentran en el SINDICATO cuando éste es solapador y consecuente con esas actitudes. Es todavía más frustrante cuando, además de sobreproteger a la persona y apoyarlo en su falta de ética profesional evitándole sanciones, lo premia otorgándole puestos u horas clase que tienen más merecidos quienes realizan su labor profesional con vocación, eficiencia, entrega, respeto y amor.

La Calidad en nuestro trabajo la podremos lograr únicamente si tenemos calidad como personas pues nadie puede dar lo que no tiene.

San Pedro de las Colonias, Coah., a 11 de noviembre de 2009.

Profr. Armando Nicolás Moreno Herrera